Lección

 Domingo :  Las Dos Profundidades de Nuestro Ser

En tu constante lucha por conquistar esa mente, tu alma se pone en acción como una manifestación de la voluntad, y tu aquietas más y más de esa mente y entras en un estado más profundo de contemplación donde ves una luz centellante más brillante que el sol y cuando revienta dentro tuyo comienzas a saber que tú eres la causa de esa luz que aparentemente ves. Y en ese conocimiento te aferras a ella como el naufrago se aferra al trozo de madera flotando en el océano. Te aferras a ella y la voluntad se hace más fuerte, la mente se vuelve calma a través de la comprensión de la experiencia y de cómo la experiencia ha sido creada. A medida que la mente deja de sujetarte con sus deseos y antojos, tú te zambulles más profundamente, sin temor hacia el centro de esta resplandeciente avalancha de luz, perdiendo tu conciencia en Eso que está más allá de la conciencia.

Y cuando vuelves a la mente, no solo ves la mente por lo que es; sino que ves la mente por lo que no es. Tu eres libre, y encuentras a los hombres y a las mujeres vinculados, y no te apegas a aquello que encuentras porque el vinculador y el vínculo son uno. Tú te vuelves el sendero. Tú te vuelves el camino. Tú eres la luz. Y cuando observas a las almas desarrollarse, algunas eligen el camino del Espíritu; algunas eligen el camino de la mente. A medida que observas y te preguntas, el preguntarte es en sí mismo una contemplación del universo, y en el borde del Absoluto miras hacia la mente y un pequeño átomo se magnifica tan grande como el universo entero, y ves, de una sola mirada, la evolución desde el principio hasta el fin, de adentro y de afuera, en ese pequeño átomo.

De nuevo, al dejar la forma externa y zambullirte en esa luz que te vuelves, te das cuenta más allá de la realización, un conocimiento más profundo que el pensamiento, un conocimiento que es la misma profundidad de tu ser. Te das cuenta de la inmortalidad, de que eres inmortal – siendo tu cuerpo simplemente una caparazón, cuando se desvanece. Aún en el desvanecimiento no existe realidad.

Cuando sales de ese samadhi, te das cuenta que eres el espíritu, te vuelves ese espíritu, tú en realidad eres ese espíritu, conscientemente si se pudiera decir que el espíritu tiene conciencia. Tú eres ese espíritu en toda alma viviente. Te das cuenta de que tú eres Aquello, que todos, en su estado de inteligencia o en su estado de ignorancia, todos, están tratando de alcanzar – una realización de ese espíritu que tú eres.

Y luego, nuevamente por pequeños intervalos puedes volver al estado de la mente consciente y relacionar la vida con un pasado y un futuro y rezagarte allí simplemente por un momento. Pero en un momento de concentración, con tu vista descansando en un simple renglón de escritura o en algo que mantenga el interés de tu mente, la ilusión de pasado y presente se desvanece, y de nuevo te vuelves esa luz, esa vida profundamente dentro de todo forma viviente – sin tiempo, sin causa, sin espacio.

Entonces decimos, “Por qué, por qué luego de haber realizado el Ser, mantenemos una forma, mantenemos una conciencia de mente? ¿Por qué?” La respuesta es simple y completa: Tú no la mantienes. De ti mismo no la mantienes. Pero toda promesa debe ser cumplida, y las promesas a devotos allegados y el deseo que ellos mantienen por la realización de su verdadero ser, mantienen esta forma, esta mente, en un estado bajo de conciencia. Si los devotos y los discípulos dejaran de desear la realización aunque sea por un minuto, su satguru dejaría de existir. Una vez que has realizado el Ser, eres libre de tiempo, de causa y de cambio.

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