| Martes : | Como el Auto-Descubrimiento en un Niño |
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Observa a un niño que se ve frente a un espejo por primera vez, tocándose
la nariz, ojos y boca, al mismo tiempo que se ve reflejado en el cristal. Sentir y ver
lo que ha estado allí siempre es una experiencia de descubrimiento. Parasiva es
lo mismo. Está siempre allí, en todos y cada uno de los seres humanos en
el planeta. Pero el participar en las cosas externas de la existencia material les
inhibe el dirigirse hacia adentro. El empañado del espejo de la mente -
esa laguna reflectora de la conciencia, que cuando está calma ve con claridad - o las
ondas perturbadoras de la superficie de la mente distorsionan la visión y
confunden la comprensión. Sin un espejo cristalino, el niño no puede
ver aquello que siempre ha estado allí - su propio rostro. Parasiva es una
experiencia que se puede asemejar a la mano sintiendo y a los ojos viendo nuestro propio
rostro por primera vez. Pero no es la experiencia de una cosa descubriendo otra, como
en el caso del rostro. Es el Ser experimentándose a Sí mismo. Experiencia,
experimentador y experimentado son uno mismo. Esto es por lo cual se registra en la mente
externa únicamente en forma retrospectiva.
La mayor parte de las personas tratan de experimentar a Dios a través de otras personas. Los discípulos ven a su Guru como Dios. Las esposas ven a sus esposos como Dios. Los devotos ven a su Deidad en el templo como Dios. Pero siempre, detrás de los ojos que ven está Dios. El Ser, Parasiva, puede ser realizado sólo cuando el devoto se aleja del mundo y como forma de vida penetra en la cueva del interior, a través de la iniciación y bajo votos. Nosotros conocemos al Ser dentro nuestro sólo cuando nos volcamos enteramente hacia nosotros a través de concentración, meditación y contemplación, y luego manteniendo el samadhi de Satchidananda resultante, conciencia pura, esperando encontrar -determinados a encontrar - Aquello que no puede ser descripto, Aquello sobre lo cual hablaban los rishis , Parasiva, más allá de una mente aquietada, Parasiva que ha detenido el tiempo, trascendido el espacio y disuelto la forma.